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Tipos de bullying

En el artículo anterior nos centramos en el concepto de Bullying, ahora en esta segunda parte mostraremos los distintos tipos de bullying.

Existen dos formas de acoso escolar: la directa y la indirecta.

El bullying directo es aquel que se refiere a comportamientos agresivos que van dirigidos directamente a la víctima, siendo evidente quién o quiénes son los victimarios y ubicando rápidamente el modo de intimidación dentro de algún tipo de acoso escolar.

El bullying indirecto hace referencia a la manipulación que se genera hacia el hostigado sin este conocer al responsable de las agresiones.

A pesar de que el bullying se caracteriza por acosar, intimidar u hostigar, se pueden reconocer dentro de él 5 tipos, los cuales se clasifican dependiendo de la actuación de los victimarios. Es común que el agresor emplee varios a la vez para maximizar el temor en la víctima, con el objetivo de que esta se sienta totalmente vulnerable.

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Bullying psicológico

Es el más común y puede considerarse presente en todos los tipos de acoso escolar. Se encarga de infundir miedo a través de miradas amenazantes, actitudes violentas y chantajes. Los agresores que emplean este tipo de bullying suelen obligar a sus víctimas a ejecutar acciones de manera forzada, ya que logran que estas sientan temor por ellos y perciban la sensación de que las observan, lo que causa que piensen que si le comunican algo a algún adulto pagarán las consecuencias.

Esta forma de bullying puede ser directa e indirecta y generalmente lleva tiempo ser detectada por los representantes y profesores, ya que no existe una manifestación física o prueba concreta que demuestre el acoso. Cuando se presume que este fenómeno se está llevando a cabo, es natural que el agresor lo desmienta y la víctima no tenga el valor de admitir su posición y desenmascarar al victimario.

En la mayoría de los casos, los padres del niño que sufre bullying psicológico son los que se percatan de que existe una situación irregular, ya que el comportamiento que tiene su hijo no es el que lo caracteriza. Si un infante se identifica por ser tranquilo y citan a sus representantes en la escuela porque ha cometido un acto indebido, o cuando este deja de comentar lo que hizo en el colegio, manifiesta que no tiene ganas de asistir a clases o inventa enfermedades con el objetivo de que sus padres no lo lleven al centro educativo, es cuando se sospecha que algo irregular está ocurriendo.

Bullying verbal

En este tipo de acoso se encuentran todas las formas de intimidación que se manifiestan a través de la palabra hablada, como por ejemplo: insultos, amenazas, burlas, bromas pesadas que tengan el objetivo de ser detonantes de rumores y chismes entre el resto de los compañeros. Los apodos también pueden considerarse bullying cuando se tornan ofensivos o resaltan alguna característica física de la persona, especialmente si se crean con la intención de excluirla del resto de los compañeros de clase.

Este tipo de bullying es directo y se identifica más rápido que el anterior, ya que las víctimas comienzan a manifestar su frustración mediante llantos que no pueden ser controlados frente a los padres. Generalmente empiezan a acomplejarse por la forma de su cuerpo, tono de voz, manera de vestir; intentar modificar sus gustos y manifiestan la intención de dejar de hacer actividades que disfrutan.

Una característica del acoso verbal es que la víctima usualmente busca cambiar aquello por lo que los demás niños se meten con ella, como por ejemplo: el peinado, algún objeto que lleve con frecuencia al aula durante las clases, accesorios para corregir alguna irregularidad como es el caso de los lentes o frenillos, y hasta sus amigos cercanos.

Bullying físico 

Es el más evidente de todos los tipos. Incluye cualquier forma de agresión corporal, siendo comunes los empujones, golpes y patadas; dentro de esta tipología también se encuentra el lanzamiento de objetos, el encierro y el daño a las pertenencias. A medida que el individuo va creciendo es común que los ataques se vuelvan cada vez más violentos y peligrosos.

A la víctima de acoso físico le cuesta reconocer su situación, pues teme que los demás también lo consideren como alguien débil a quien se puede humillar, especialmente las personas de su núcleo familiar; por ello, es común que mientan y digan que la agresión fue un accidente, tras elaborar una historia de cómo les ocurrió la lesión. Sin embargo, cuando los golpes se vuelven reiterativos la existencia del bullying se hace evidente.

Bullying social

Se emplea este tipo de acoso escolar cuando se le niega constantemente a un individuo integrarse a un grupo, aislándolo de sus semejantes y excluyéndolo de la vida social. En esta forma de bullying los victimarios ignoran a la víctima, no le dan espacio a su opinión dentro o fuera del aula y crean una mala reputación para que otros niños tampoco jueguen con ellas ni las incluyan en sus grupos de trabajo.

Evitar a una persona e incitar a otros a que la excluyan, es una forma de bullying, pero esto no debe confundirse con el hecho de que existan discrepancias entre compañeros y que las diferencia de opiniones entre algunas personas no logren congeniar como para establecer un vínculo de amistad.

Este tipo de acoso escolar es directo y se identifica rápidamente, ya que los maestros observan que al momento de formar equipos para hacer las actividades educativas, el niño que está sometido a bullying no logra conseguir un grupo que quiera incluirlo para realizar el trabajo, y a la hora del receso se encuentra retirado del resto de los alumnos. También es fácil que los padres perciban esta situación, debido a que su representado no comenta lo que hizo en el colegio, nunca hace referencia a sus compañeros ni nombra a algún amigo con quien comparta momentos y juegos.

El bullying de exclusión social suele generarse en colectivo. Es probable que exista un victimario que sea el responsable de haber originado que el resto de los compañeros también rechazaran a la víctima, sea por un chisme o algún rumor, pero dentro de ese entorno todos los involucrados contribuyen al aislamiento.

Bullying sexual

Esta forma de acoso es perturbadora para la víctima, ya que toda la agresión va dirigida a intimidarla y abrumarla a través de conductas sexuales. Se encuentra dentro de esta tipología: obligar a que un individuo realice acciones de índole sexual contra su voluntad, ejecutar tocamientos forzados en las zonas erógenas, obligar a que la víctima vea pornografía o cualquier imagen alusiva al sexo que esta no quiera observar y dirigirse constantemente a ella con palabras obscenas. Hacer referencia a las partes sexuales de otro individuo para que el resto de los compañeros se burlen, es una acción que se encuentra dentro del bullying sexual, al igual que asegurar que este tiene una tendencia sexual distinta a la que dicta su sexo.

Cuando llega la adolescencia los agresores tienden a incrementar sus ataques, exigen a la víctima que se tome fotos mostrando algunas partes del cuerpo, la obligan a besar o tocar los órganos genitales de otras personas y en los casos más extremos la fuerzan a tener relaciones sexuales.

El bullying sexual puede ser aplicado tanto a niños como a niñas, pero las acciones que ejecuten los victimarios son las que determinaran la gravedad del asunto, pues no todos los acosadores emplean las mismas técnicas de intimidación. Es importante que los padres conozcan sobre este tipo de amenaza y manipulación, ya que la mayoría omiten su existencia y manera de aplicación, y se muestran en negación al pensar que su hijo puede estar pasando por esta situación dentro de su centro de estudio.

Ciberbullying

Es cualquier forma de acoso que se ejecute a través de la web y los medios de comunicación digitales, lo que incluye: redes sociales, correos electrónicos, mensajes de texto, aplicaciones de mensajería instantánea, juegos en línea, páginas web, entre otros.

 

 

La tecnología ha permitido que el acoso se extienda a todos los ámbitos de la vida de la víctima, ya que no solo se encuentra atormentada dentro de su escuela, sino también en cualquier otro sitio en el que se encuentre. Dentro de este tipo de bullying son comunes las amenazas a la integridad física, las burlas, las bromas de mal gusto, el hackeo de las cuentas privadas, la difusión de fotomontajes y hasta vídeos audiovisuales en los que se muestra a la víctima recibiendo agresiones, diciendo algunas frases en contra de su voluntad o ejecutando alguna acción de manera forzada.

El incremento del uso de los dispositivos móviles, la tecnología al alcance de los más pequeños y la opción de poder colocar anónimamente numerosos comentarios en la web o utilizar pseudónimos, han contribuido a la proliferación de esta nueva modalidad de acoso entre semejantes.

Este término no debe confundirse con el de ciberacoso, ya que este último va orientado a víctimas de cualquier edad y generalmente tiene connotaciones sexuales; mientras que, el ciberbullying se considera una herramienta del acoso escolar, pues se genera principalmente a raíz de lo que acontece dentro del centro educativo y es divulgado por otros estudiantes.

Todos los tipos de bullying tienen un importante impacto en la vida de la víctima, en su relación con el entorno y la vida en sociedad; por ello, es importante que los padres estén al tanto de lo que ocurre dentro de las aulas de clase, conozcan al grupo de amigos que frecuenta su hijo y fortalezcan la comunicación dentro del núcleo familiar.

Una de las principales razones por las que el fenómeno del bullying se ha acentuado es por la falta de confianza que sienten los niños y adolescentes hacia sus representantes, ya que consideran que estos no van a comprender su situación. Son pocos los casos conocidos en donde la víctima manifiesta lo ocurrido a los adultos para que estos tomen acciones, principalmente porque el temor al victimario es tan grande que cree que este puede agudizar las agresiones si toma acciones contra él.

Tras el acoso, el hostigado experimenta episodios de estrés, depresión y ansiedad que deben ser tratados por un psicólogo o psicoterapeuta, con la finalidad de erradicarlos, rescatar su autoestima, evitar el trastorno de estrés postraumático y posibles secuelas emocionales a lo largo de su vida que lo lleven a permanecer con el temor de que el agresor puede volver a atacar. Por ello, es importante que tanto el victimario como la víctima asistan a consultas psicológicas, pues esta es la mejor manera de reponerse de los episodios de agresión, modificar ciertas conductas para que no vuelvan a repetirse y superar lo sucedido.

Aunque la terapia cognitivo conductual es la más utilizada en casos de bullying, es el psicólogo quien debe examinar al paciente, evaluar la gravedad de su diagnóstico y determinar cuál será el tratamiento que este deberá seguir y el número de sesiones a las que debe asistir.

Autor: © PSIGUIDE