Enfermedades psicosomáticas

¿Qué son las enfermedades psicosomáticas?

El cerebro es el órgano encargado de dirigir y regular todas las acciones del resto del cuerpo, lo que le permite influir en el funcionamiento del mismo, ya sea de una manera positiva o negativa, dependiendo de las emociones y pensamientos que mantenga el individuo en su mente. Por su parte, la mente es la que posee la facultad de desarrollar las capacidades intelectuales de los seres humanos, incluyendo la conciencia, que es donde se experimentan los estados mentales.

En general, durante la evolución de cualquier enfermedad la mente juega un papel muy importante, ya que todo lo que se imagine o exprese con respecto al padecimiento de una patología puede repercutir en la intensidad de sus síntomas. Sin embargo, el término psicosomático hace referencia únicamente al poder que tiene la psique (mente), sobre lo somático (cuerpo), al momento de aumentar el riesgo de presentación de una patología o desarrollar una afección física a causa del estado mental. Asimismo, somatizar significa transformar la condición psicológica en síntomas físicos.

Las enfermedades psicosomáticas se caracterizan por atacar el tejido tisular de diferentes órganos, como lo son: riñones, piel, vías respiratorias como la laringe y la faringe, corazón, estómago y cerebro. Por ello, todas las patologías que se relacionan a este fenómeno son consecuencia de una alteración celular que sufre el órgano afectado.

Si un individuo padece una enfermedad psicosomática y ya posee una afección en alguno de estos tejidos, su estado se agravará. Asimismo, si una persona sufre alguna condición médica que involucre a otros órganos, pero su situación le genera estrés, ansiedad o tensión, es posible que desarrolle nuevos síntomas que no vayan acordes a la patología ya diagnosticada, sino a algún fenómeno psicosomático.

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), el 90 % de las enfermedades tienen un principio psicosomático, y esto se debe a que la influencia de la mente sobre el funcionamiento del cuerpo y los sistemas que lo integran es indiscutible.

Causas de las enfermedades psicosomáticas

Las enfermedades psicosomáticas se originan como una respuesta del organismo ante la manifestación de alteraciones en el estado de ánimo, generalmente ocasionadas por el estrés, la ansiedad, la depresión, el duelo, las pérdidas o situaciones que provocan angustia. Pero a pesar de que estas son las causas directas, se debe estudiar minuciosamente por qué se desarrollan en cada caso, ya que las personas reaccionan de diferente manera ante un mismo acontecimiento.

A este tipo de enfermedades se les considera multifactoriales, pues su evolución depende de una serie de eventos que promueven que el individuo desate alguna o varias de las alteraciones anímicas antes mencionadas. Las razones pueden ser:

Respuesta fisiológica relacionada con el estrés:

El estrés es un estado de cansancio mental, en el cual el individuo siente que está a cargo de una responsabilidad mayor a la que puede sobrellevar. También se conoce como la respuesta que genera la mente ante situaciones aparentemente incontrolables que ocasionan la permanencia de un bajo estado anímico, por lo que generalmente va acompañado de síntomas relacionados a la depresión y la ansiedad.

El estrés es el principal detonante de las enfermedades psicosomáticas, ya que el resultado directo de padecerlo es desarrollar síntomas físicos que reflejan el agotamiento mental. Por ello, el organismo responde de manera fisiológica ante esta condición, primeramente activa el eje hipofisosuprarrenal, que está compuesto por las glándulas suprarrenales (segregan la hormona cortisol, la cual es la encargada de regular el estrés), la hipófisis (reguladora del sistema endocrino) y el hipotálamo (controla las funciones del sistema nervioso); y en segundo lugar el sistema nervioso autónomo (SNA), el cual se encarga de la ejecución de todas las acciones involuntarias del organismo y en consecuencia la facultad de permitir, regular e inhibir la eficiencia de sus funciones.

Trastornos mentales:

Existen distintas clases de desórdenes mentales, entre ellos se encuentran: trastorno de personalidad, ansiedad, bipolaridad, psicosis, estrés postraumático (TEPT), pánico, entre otros. Los cuales se caracterizan, en líneas generales, por alteraciones en el comportamiento, el pensamiento y las emociones.

Si una persona padece alguna de estas patologías es inevitable que desarrolle enfermedades psicosomáticas, pues actúan como consecuencias físicas del estado psicológico de los pacientes con trastornos mentales; incluso, se encuentran entre los síntomas que permiten el diagnóstico de estos desórdenes.

Existen diversas causas que originan las enfermedades mentales, algunas de ellas son: factores biológicos, genéticos, experiencias negativas, episodios traumáticos, accidentes que ocasionan problemas en la psique, entre otros. Por ello, debe reconocerse que las enfermedades psicosomáticas son consecuencia de una serie de eventos variables, siendo las alteraciones anímicas lo único que se relaciona directamente a su aparición.

Síntomas psicológicos:

Dentro de esta categoría se encuentran los individuos que presentan cambios bruscos en el estado mental o síntomas asociados a los trastornos mentales, pero que no terminan de diagnosticarse como tales, ya sea porque no son crónicos o porque se revelan como respuesta ante determinados impulsos del entorno, mas no en una situación armónica.

Cuando una persona padece alguna patología grave es normal que se preocupe por su condición, lo que le ocasiona desarrollar síntomas psicológicos que actúan como reflejo de la situación, y en consecuencia originar una enfermedad psicosomática.

Un aspecto que permite diferenciar esta causa de las demás, es que en la mayoría de los casos las personas que la padecen responden con diferentes emociones negativas, dependiendo de cuál sea el suceso desencadenante, lo que origina que su enfermedad varíe dependiendo del sentimiento.

Rasgos de personalidad o estilos de afrontamiento:

Todas las personas poseen una manera de actuar, pensar, ver el mundo e interpretarlo, lo que involucra un conjunto de cualidades intelectuales, afectivas y comunicativas; a este grupo de características individuales se les denomina personalidad.

Por su parte, los estilos de afrontamiento están más relacionados a lo que es el carácter y el temperamento, siendo el primero la forma cómo se desenvuelve el individuo en su día a día, en consecuencia de la unión de los rasgos heredados y personales; y el segundo, la naturaleza emocional, que incluye la disposición afectiva y la reacción frente a los estímulos.

Los estilos de afrontamiento son las predisposiciones personales con las que se presentan los individuos ante el entorno. Existen tres clases: cognitivos, conductual y afectivo (dentro de estas se encuentran las formas de reaccionar ante los problemas y las emociones), las cuales se manifiestan dependiendo del contexto.

El estudio de la personalidad y de los estilos de afrontamiento se han vinculado fuertemente al desarrollo de algunos trastornos, desórdenes y enfermedades (como es el caso de las psicosomáticas), ya que dependiendo de la reacción que tenga la persona frente a las dificultades, podría presentar alguno de ellos.

Numerosos especialistas aseguran que la personalidad tipo A (carácter agresivo, hiperactivo, dominante, apasionado, impaciente) es más propensa a las enfermedades coronarias, mientras que la B (individuos pasivos, confiados y con pensamiento positivo) no tiene predisposición a ninguna patología en particular, y la C (personas temerosas, introvertidas, sumisas, conformistas) posee alta probabilidad de desarrollar diabetes o algún tipo de cáncer.

Comportamiento desadaptativo:

Existen dos estilos de afrontamiento: adaptativo o confrontativo y desadaptativo o evitativo. En la mayoría de los casos el comportamiento adaptativo es el que permite sobreponerse a las dificultades, pensar de manera positiva, buscar soluciones y analizar claramente la mejor opción; mientras que el desadaptativo es lo contrario a todo lo anterior, pues se enfrasca en el problema o trata de evitarlo (aun si este es inevitable), lo que ocasiona que el individuo se sienta frustrado si no lo consigue.

El estilo desadaptativo también se relaciona al comportamiento pasivo, que si bien debe ser utilizado en algunas circunstancias, no va a funcionar cuando la persona aspire conseguir algo mejor, superarse, competir por un puesto laboral o expresar a viva voz sentimientos que se encuentren reprimidos, lo que origina estrés, ansiedad y frustración, y en consecuencia podría causar enfermedades psicosomáticas.

Dentro de este tipo de comportamiento también están las conductas negativas que son empleadas para evadir la realidad y disminuir la ansiedad, como por ejemplo: consumo de sustancias ilícitas, tabaco o cigarrillo, exceso de alcohol, desórdenes alimenticios o de sueño, actuación sexual de alto riesgo, entre otros.

Otros factores psicológicos no especificados:

Es posible que la persona no esté consciente de sus sentimientos o no quiera reconocerlos, ya sea porque está relacionado a sus creencias, ideología o relaciones interpersonales, por lo que existe un vínculo que le impide desligarse de la responsabilidad y afrontar la situación. Sin embargo, es la misma frustración lo que le ocasiona la patología.

Asimismo, si un individuo atraviesa alguna enfermedad psicosomática y su perfil no se encuentra entre las categorías anteriormente mencionadas, se ubica en los factores no especificados.

¿Qué enfermedades pueden identificarse como psicosomáticas?

Existen algunas patologías que se relacionan a las enfermedades psicosomáticas, debido a que se conoce una vinculación entre el estrés y el origen o evolución de la misma. Sin embargo, estas afecciones pueden producirse por otros aspectos netamente biológicos o hereditarios, al igual que por factores externos. Estas son:

Cefalea tensional:

Es el tipo de dolor de cabeza más común y se encuentra íntimamente relacionado a las situaciones estresantes, por lo que en circunstancias normales se manifiesta durante la noche, cuando el cansancio del día se encuentra acumulado. Su característica principal es que la molestia se siente en forma de corona, rodeando toda la cabeza, como con la presión de un cintillo.

El grado de dolor ocasionado por las cefaleas tensionales va de leve a moderado, y la regularidad del dolor es lo que va a determinar si se convierte en una enfermedad reincidente o en una reacción fisiológica provocada por el cansancio y el estrés. Según la periodicidad de su aparición, puede ser: episódica infrecuente (un día al mes), frecuente (hasta quince días por mes) y crónica (más de quince días por mes).

Cuando un individuo padece de cefalea crónica desarrolla lo que se conoce como jaqueca o migraña, la cual es una enfermedad que ocasiona dolores de cabeza fuertes y pulsátiles, acompañados de mareos, náuseas, vómitos, fonofobia (molestia al ruido) y fotofobia (intolerancia a la luz).

Enfermedad coronaria:

También llamada cardiopatía isquémica, es causada por la obstrucción parcial de las arterias coronarias, las cuales cumplen la función de proporcionar al corazón sangre rica en oxígeno para que este la distribuya al resto del organismo. Estas arterias se encuentran situadas en la parte central del músculo cardíaco, una al lado derecho (que permite bombear sangre a los pulmones) y otra al lado izquierdo (que la suministra al resto del cuerpo).

La placa que ocasiona el estrechamiento de la arteria, dificultando el paso del líquido, está conformada por un cúmulo de grasa, calcio y colesterol que se encuentra en la sangre, el cual finalmente se localiza en esta vía. A esta anomalía también se le conoce con el nombre de arterosclerosis.

Estar en un estado de estrés provoca que el corazón trabaje con mayor rapidez, lo que origina que las arterias coronarias disminuyan su elasticidad, la sangre se espese y la fibrinólisis (proceso de disolución de fibrina que evita la formación de trombos, los cuales son coágulos que se ubican dentro de los vasos sanguíneos) reduzca su efectividad, por lo que el músculo cardíaco se hace vulnerable a cualquier anomalía arterial que origine la obstrucción del flujo.

La enfermedad coronaria es considerada la patología cardiovascular más común, y forma parte de las enfermedades psicosomáticas debido a que el estrés es uno de sus principales detonantes. Entre los síntomas y consecuencias de esta patología, se encuentran: arritmias cardíacas (irregularidad en la periodicidad de los latidos del corazón), insuficiencia cardíaca (el músculo pierde la capacidad de bombear la cantidad de sangre que el organismo requiere para su correcto funcionamiento), angina de pecho (sensación de opresión en el tórax) e infartos o ataques cardíacos (paralización de las funciones del corazón a causa del bloqueo del flujo sanguíneo).

Por su parte, la hipertensión arterial (enfermedad crónica que se caracteriza por el incremento de la presión sanguínea) también se incluye dentro de las enfermedades psicosomáticas, pues los episodios hipertensivos son desencadenados por acontecimientos que resultan estresantes para los pacientes que padecen esta condición.

Neurodermatitis o dermatitis atópica:

Es una enfermedad de la piel cuyos síntomas son la picazón incesante, la irritación y la aparición de eccemas (inflamación, resequedad y enrojecimiento). Esta patología dermatológica se presenta debido a la alteración de las terminaciones nerviosas sensitivas, las cuales se encargan de regular la sudoración, la secreción de las glándulas sebáceas (que producen y controlan la segregación del sebo, el cual se encarga de lubricar la superficie de la epidermis) y la dilatación de los capilares.

En consecuencia la epidermis (membrana epitelial externa) desarrolla una hipersensibilidad crónica, lo que origina que el afectado recaiga fácilmente una vez que esté recuperado. Entre las causas de esta afección, se encuentran: los factores hereditarios, ambientales y psicológicos; este último como resultado de la relación que se establece entre el estrés y el desequilibrio nervioso que desencadena esta patología psicosomática.

Artritis reumatoide:

Es una enfermedad degenerativa que afecta a las articulaciones y los tejidos cercanos a ellas, debido a la hinchazón de la membrana sinovial (capa que recubre la superficie interna de la cápsula articular), lo que provoca dolor, rigidez y la deformidad progresiva de los huesos. Las coyunturas que mayormente se ven afectadas son aquellas que se utilizan con más regularidad e intensidad, como por ejemplo las de los tobillos, rodillas, manos, dedos de los pies, codos y cadera.

Esta afección se encuentra dentro de las enfermedades autoinmunes (es decir que el sistema inmunitario ataca a los tejidos sanos de su propio cuerpo) y puede afectar a distintos órganos como el corazón, los pulmones y el hígado. Su intensidad varía de leve a grave, dependiendo de cada individuo, y en algunos casos puede presentarse como monoartritis (la afecta a una sola coyuntura), en otros como oligoartritis (de dos a cuatro) o poliartritis (más de cuatro articulaciones aquejadas).

Aún no se determinan las causas exactas que permiten desarrollar esta patología; sin embargo, los especialistas sugieren que los aspectos genéticos y biológicos generan su predisposición, mientras que el estrés es considerado uno de los factores desencadenantes de la misma.

Disfunciones respiratorias:

Son afecciones que se caracterizan por la deficiencia o alteración de la función de los pulmones. Generalmente estas son consecuencias de las enfermedades respiratorias, dentro de las que se incluyen tanto a las patologías más leves (alergia, bronquitis, rinitis, etc.), como a las crónicas (asma, hipertensión pulmonar, neumonía, etc.).

El cuadro clínico del asma se asocia a las disfunciones respiratorias que puede experimentar una persona luego de exponerse a alguna situación estresante. De igual forma, también es reconocido que si un paciente con esta condición atraviesa por un suceso que le genera tensión o ansiedad, es muy probable que padezca una crisis asmática.

Por su parte, la disnea (dificultad para respirar) también es considerada como uno de los síntomas más comunes dentro de este tipo de enfermedades; asimismo, se encuentra entre las consecuencias de experimentar alto índice de estrés y ansiedad, por lo que está ampliamente relacionada a las enfermedades psicosomáticas.

Diferencias entre enfermedad psicosomática, desorden somatomorfo y trastorno hipocondríaco

Es común que las personas confundan las enfermedades psicosomáticas con los trastornos somatomorfos, pero en realidad son términos distintos que poseen importantes diferencias. Las enfermedades psicosomáticas se caracterizan por ser la manifestación física de los estados mentales; mientras que, los trastornos somatomorfos son un grupo de desórdenes que ocasionan dolencias en diversas partes del cuerpo, en algunos casos hasta difusas, pero que, a diferencia de las enfermedades psicosomáticas, no se puede identificar dicha sintomatología con alguna enfermedad, pues es producto de la mente.

Los individuos con trastornos somatomorfos no están conscientes de que su enfermedad es mental, pues el dolor que sienten es real; sin embargo, dicha patología es diagnosticada cuando ya el paciente se ha realizado todo tipo de exámenes en el órgano aparentemente afectado y los valores que arroja son normales. Generalmente este grupo de trastornos no afecta solo una parte del cuerpo, pues las molestias se trasladan y un día puede que el paciente sufra insuficiencia respiratoria y otro dolor en las articulaciones.

Es importante resaltar que este tipo de trastornos tampoco tienen relación con la hipocondría (creencia de que se posee una enfermedad grave, sin necesidad de sufrir dolor alguno, o por la magnificación de una molestia leve), ya que en los desórdenes somatomorfos la persona no está consciente de su estado y sufre un dolor intenso real, por lo que busca respuestas médicas; mientras que las personas hipocondríacas inventan o exageran sus dolencias, lo que las mantiene constantemente en el doctor buscando de manera ansiosa diagnósticos de las patologías que no presentan y dicen estar seguros de poseer.

Entre las enfermedades que se asemejan al dolor que provocan los trastornos somatomorfos, se encuentran: síndrome del intestino irritable, asfixia, taquicardia, dispepsia (alteraciones en la función del aparato digestivo), malestar abdominal y dolor pélvico crónico; también puede presentarse: pesadez, sensación de inflamación de algunos órganos y dolores articulares.

Aún no se ha descubierto una causa directa de su aparición o alguna cura definitiva, sin embargo, se recomienda a los individuos diagnosticados con algún tipo de trastorno somatomorfo asistir con regularidad a un especialista y permitir que este haga seguimiento a sus dolencias, con la finalidad de que pueda elegir un tratamiento que lo ayude a comprender su enfermedad y seguir adelante.

Tratamiento para las enfermedades psicosomáticas

Por tratarse de enfermedades reales originadas o perjudicadas por el factor psicológico, es importante que en el tratamiento se aborden ambos enfoques, es decir que se realice un procedimiento interdisciplinario donde, tanto el médico especialista en la patología como el psicólogo, se involucren.

Desde la perspectiva psicológica, existen procesos que pueden realizarse para que el paciente aprenda a reaccionar de la mejor manera ante los acontecimientos negativos desencadenantes de episodios de estrés o ansiedad, la mayoría de ellos se encuentran dentro de la psicoterapia, sin embargo, la relajación y la meditación son algunos de los métodos alternativos que se recomiendan en estos casos.

La terapia conductual y la terapia cognitiva son las más recomendadas cuando se presentan enfermedades psicosomáticas, ya que se encargan de modificar el pensamiento y el comportamiento que el paciente tiene al momento de afrontar ciertas circunstancias o responder a determinados estímulos del entorno.

En la terapia conductual, el especialista brinda herramientas para que el individuo aprenda a emitir respuestas adaptativas (apropiadas al contexto), ya sea aprendiendo un nuevo comportamiento o eliminando la conducta inadecuada, lo que ayuda al paciente psicosomático a controlar sus emociones y por ende el nivel de estrés, que es lo que le origina la enfermedad.

Dentro de este tipo de terapia se encuentran muchas técnicas terapéuticas que son utilizadas como herramientas de trabajo. Entre ellas están: el método aversivo (se somete al paciente a una sensación desagradable cuando responde a un estímulo con conductas desadaptativas), la desensibilización sistemática (consiste en que el individuo trate de mantener un estado de relajación mientras se evocan circunstancias amenazantes que le provocan estrés), la técnica operante (presentación o eliminación de un estímulo determinado que ocasione las reacciones negativas), etc.

Debido a que las enfermedades psicosomáticas son consecuencias de situaciones externas que alteran el estado de ánimo, es de suma importancia atacar el problema desde la raíz, es decir indagar en la historia de cada paciente y determinar cuál es el suceso que provoca tal desorden, ya que a partir de este descubrimiento se elaborará el tratamiento acorde a su diagnóstico, el cual involucrará alguna de las terapias anteriormente mencionadas, según la apreciación del especialista.

Por su parte, la terapia cognitiva busca modificar o reestructurar los procesos mentales, con la finalidad de cambiar las conductas desadaptativas, mejorar la capacidad que tiene el paciente para la resolución de problemas y eliminar pensamientos o creencias irracionales que magnifican la posible amenaza. Dos de los métodos que utiliza este tipo de terapia para alcanzar estos objetivos son: las técnicas de afrontamiento (se encargan de que el paciente comprenda el problema, se sienta capaz de afrontarlo y regule sus respuestas emocionales), las cuales son muy utilizadas para disminuir el impacto y el grado de estrés que sufren los individuos que padecen de enfermedades psicosomáticas al enfrentarse a situaciones atemorizantes; y las de exposición (se ubica al paciente en un contexto que le resulte incómodo, a través de la realidad o de la imaginación, ya sea de manera simbólica o vivencial, y se aborda la temática desde una perspectiva netamente lógica).

Asimismo, la psicología ha creado un híbrido entre ambas, llamado terapia cognitivo-conductual o cognitivo-comportamental, la cual une los dos grupos de métodos con la finalidad de que el paciente que padece una enfermedad psicosomática consiga una evolución más rápida y eficiente, mediante la implementación de los procedimientos terapéuticos más apropiados según sea su caso. Esta es la terapia más recomendada para las personas psicosomáticas, pues para sobrellevar y curar esta enfermedad es necesario abordar métodos bajo ambos enfoques.

La meditación es una técnica de introspección que permite llegar a la relajación (estado de calma que reduce la tensión física y mental), logrando que la persona que la practica consiga conectarse con su conciencia. Este método es utilizado dentro de la psicoterapia para que el paciente psicosomático alcance un nivel elevado de tranquilidad que le permita entender la naturaleza de las amenazas y su reacción antes las mismas; sin embargo, la psicología aún no reconoce estos procesos alternativos como métodos completos y específicos, sino como parte complementaria de otros que consideran más amplios y efectivos.

Los fármacos como ansiolíticos o antidepresivos no suelen ser prescritos a los pacientes con enfermedades psicosomáticas, ya que estos pueden originar el empeoramiento de la patología médica o desarrollar conductas desadaptativas como adicción o dependencia en los individuos que no los requieren indispensablemente. Se puede dar el caso de que algún especialista recete este tipo de medicamentos, pero generalmente ocurre cuando el afectado es diagnosticado con otro tipo de desorden mental.

Llevar una vida saludable, hacer ejercicio, realizar actividades de esparcimiento al aire libre, evitar aceptar más responsabilidades de las que se pueden cumplir; aprender a dejar ir el pasado, afrontar las situaciones negativas y desarrollar inteligencia emocional, son algunas de las recomendaciones para evitar padecer este tipo de enfermedades. Una mente sana ayuda a mantener un cuerpo sano.

 

Psicólogos de Venezuela expertos en trastornos psicosomáticos

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