Duelos y pérdidas

A lo largo de la vida es común atravesar por momentos difíciles que generen una respuesta emocional negativa, y si se evalúan esas circunstancias se puede apreciar que en la mayoría de los casos los sentimientos que afloran son la respuesta natural a un vacío interno que ha dejado la partida de algo o alguien.

El duelo es el tiempo mediante el cual un individuo atraviesa un conjunto de procesos psicológicos, que inician por la pérdida de algo valioso y finalizan con la adaptación a la nueva realidad. Su principal característica es el bajo estado de ánimo, el cual se identifica por la permanencia de sentimientos como tristeza, dolor, aflicción, lástima, enojo, abatimiento, culpabilidad y melancolía. Por su parte, la pérdida es la causante del duelo, ya que este es la respuesta a la sensación de vacío originada por la persona, objeto, ideal o situación que se aleja.

¿Por qué las pérdidas generan duelos?

Toda pérdida es motivada por una separación, sin embargo, lo que hace que esa ausencia se convierta en duelo es el grado de vinculación afectiva que exista entre el objeto, ideal o ser, y el individuo. Dicho vínculo es creado mediante las emociones que se desprenden de las experiencias vividas juntos o del valor sentimental implícito, de la influencia que haya tenido en su toma de decisiones y del nivel de dependencia emocional por parte del afectado.

En el caso de las rupturas amorosas, el duelo puede desencadenarse a raíz de la decepción o el sentimiento de fracaso que deja la pérdida, dependiendo de la situación que la pareja ha experimentado; en este contexto las personas suelen planificar su vida juntos, acumular momentos especiales que parecen irremplazables, emprender proyectos en conjunto, entre muchas otras cosas que afectan el proceso de aceptación y superación de la separación.

Ser despedido de un buen empleo genera tristeza y frustración, al igual que perder una elección, extraviar algún objeto de valor sentimental o monetario, y dejar ir una ocasión única por razones de relevancia, como la estabilidad familiar, económica y laboral. Así pues, la pérdida de ideales, objetos y oportunidades también es motivo de duelo. Generalmente en estos casos reina la incertidumbre, ya que este tipo de vacíos ocasiona que el individuo cuestione su actuar, su nivel de responsabilidad y competencia, su preparación, habilidades y aprendizajes, lo que podría afectar su autoestima.

Por su parte, las pérdidas por muerte tienden a ser más comprendidas y generalizadas, pues todos han pasado o van a pasar por ese dolor en algún momento de la vida, cuando tengan que despedir a un ser querido. El luto es la muestra de sentimiento de pena y dolor a causa del fallecimiento de un individuo, en otras palabras, es el duelo por el que atraviesan las personas que han tenido relaciones cercanas con el difunto; la intensidad y el tiempo de este proceso dependerá de las circunstancias de muerte, su edad, el parentesco que vincule al afectado con el fallecido, y si el doliente tuvo oportunidad de despedirse o ver el cuerpo antes de su sepultura.

Tipos o clasificaciones de pérdidas

El ciclo vital de los seres humanos está lleno de pérdidas y ganancias. Los cambios por sí mismos constituyen la ambivalencia del intercambio entre lo que se tiene y lo que se desea conseguir, así se esté dejando a un lado algo que se quiere mantener, pues forma parte de la superación, esto en el caso de ser voluntario; de no ser así, la pérdida se orientará únicamente a la ausencia, sin sentir que haya una recompensa por lo que se aleja. Por ello, el desprendimiento voluntario suele ser más fácil de superar que el arbitrario.

Existen cinco tipos o clasificaciones de pérdidas, estas son:

Pérdida de vida

Es la mayor y más radical, pues deja a un lado la esperanza de que lo que se fue vuelva algún día. La ausencia a causa de muerte incluye la desaparición física de los individuos y con ella todo el aporte que el fallecido podía dar, ya sea cubriendo un puesto laboral importante u ocupando un rol dentro de la familia, que para la sociedad es considerado fundamental, lo que aparte de tristeza, genera una sensación de desesperación en la persona que se ve afectada por el acontecimiento. Los abortos son considerados una de las pérdidas de vida más difíciles de superar para la madre, aunque la pérdida de un hijo a cualquier edad es dolorosa, pues naturalmente deberían ser la descendencia quien sepulte a los progenitores.

Dentro de esta categoría también se encuentran las pérdidas físicas parciales, como es el caso de las personas que han sufrido accidentes que los incapacitan, ya sea por la amputación de algún miembro o por la imposibilidad de realizar ciertas tareas, individuos que padecen patologías cognitivas o motoras, y quienes sufren enfermedades terminales. En este caso el duelo tiende a empezar antes de que la persona fallezca, cuando en el diagnostico se anticipa el tiempo que le resta de vida. Este pronóstico afecta tanto al enfermo como a las personas a su alrededor.

Pérdidas emocionales

En esta categoría se encuentran las relaciones sociales e  interpersonales, especialmente entre familia, amigos y parejas, quienes por ser los más allegados crean un fuerte lazo sentimental difícil de romper. Situaciones como mudanzas, cambio de colegio o lugar de trabajo, divorcios, separaciones y ruptura de amistades a causa de discusiones, diferencias o malos entendidos, suelen ser pérdidas difíciles de superar, ya que se encuentran involucradas principalmente las emociones y las experiencias que dejan recuerdos entrañables.

Esta categoría se encuentra fuertemente asociada a la anterior, ya que las pérdidas de vida conllevan a un vacío emocional inmediato, debido a que el luto suele obedecer al fallecimiento de alguien cercano que de alguna manera ha marcado la vida del doliente. Sin embargo, los sentimientos siempre van a estar involucrados en la pérdida, pues son la manifestación del duelo; por lo tanto, no se debe atribuir sólo a esta clasificación la carga emocional, ya que se refiere específicamente al parentesco.

Pérdida de objetos y oportunidades

Dejar pasar una experiencia que se desea vivir, no recibir el ascenso laboral esperado, ser despedido del trabajo o excluido de algún grupo, extraviar objetos de gran valor afectivo o grandes sumas de dinero, también pueden considerarse pérdidas. Dentro de esta categoría también se encuentran los robos o hurtos, que forman parte de las pérdidas involuntarias.

Pérdida de ideales

La manera de pensar de cada individuo, su actitud, carácter y temperamento frente a la vida y los problemas, es lo que conforma y determina su personalidad; por ello, perder los ideales es dejar ir una parte de sí mismo, de lo que es el ser intangible. Por pérdida de ideales no debe entenderse únicamente que una persona ha dejado sus principios y valores, si no también que algo que se había idealizado de determinada manera no resultó ser como pensaba. Por ejemplo cuando la pareja durante el noviazgo se imagina su vida de casados, y una vez que han contraído matrimonio, su situación no se parece si quiera a lo que tenían pensando.

Asimismo, los ideales políticos y religiosos también juegan un papel importante dentro de esta clasificación; esto justifica que tras las contiendas electorales el perdedor y sus seguidores se encuentran tristes y desanimados, ya que se hallan atravesando el duelo.

Pérdidas evolutivas

A medida que el ser humano va desarrollándose pasa por distintas etapas, como lo son la niñez, adolescencia, juventud, adultez y vejez; en cada una de esas fases atraviesa por diversos cambios físicos y psicológicos que lo llevan a integrarse a nuevos campos y ocupar nuevos roles, dejando atrás muchos recuerdos y sentimientos, lo que origina una pérdida.

Cursar un nuevo grado de estudio, cambiar de empleo, irse de la casa materna,  contraer matrimonio, convertirse en padre de familia, obtener la jubilación, sufrir la llegada de la andropausia o menopausia, entre otras cosas, son ejemplos de este tipo de pérdidas, que a pesar de ser naturales dejan un vacío en los individuos.

Características y dimensiones del duelo

A pesar de que el proceso del duelo es único en cada persona, ya que las experiencias, momentos, situaciones y contextos son diferentes, existen algunos indicadores comunes. Las características del duelo se distribuyen en cuatro dimensiones, dependiendo del ámbito de afectación, las cuales pueden ubicarse en forma de pirámide, situando a las emociones como base y el resto como consecuencia de ellas.

  • Dimensión emocional: Los sentimientos juegan un papel importante durante el duelo, debido a que el bajo estado de ánimo que se mantiene en este período resulta  ser la plataforma de emociones negativas, como la tristeza, culpa, miedo, ira, soledad, impotencia, desesperanza, abatimiento, melancolía, angustia, amargura y venganza o liberación y alivio (dependiendo de las circunstancias).
    Las emociones son el asiento del resto de las dimensiones y resultan muy difíciles de controlar, pues se puede estar triste y sentir alivio (en casos de que la persona fallecida sufriera una terrible enfermedad), o ira y deseos de venganza (como cuando la persona no ha recibido el ascenso laboral que cree merecer).
  • Dimensión física: Las manifestaciones físicas a menudo van en concordancia con las emociones y sensaciones del momento, las más comunes son: somatización, nauseas, impresión de vacío u opresión en el pecho, fatiga, trastornos alimenticios, alteraciones del sueño, disnea, tensión muscular, mareos, sequedad de la boca e inquietud.
  • Dimensión cognitiva: Incluye los procesos mentales que atraviesa el afectado, como lo es la falta de concentración e interés en las labores diarias, olvidos frecuentes, sensaciones de presencia o alucinaciones, confusión, estrés, preocupación y repetición de frases o ideas, las cuales suelen tener conexión con la causa del duelo.
  • Dimensión conductual: El comportamiento de las personas suele cambiar durante el proceso de duelo. Entre las conductas que adoptan se encuentran: aislamiento social, hiperactividad o inactividad, llanto, uso de drogas o aumento en el consumo de alcohol, tabaco y fármacos antidepresivos. Dentro de esta dimensión también pueden encontrarse cambios de patrón en cuanto a la actitud frente a creencias religiosas y espirituales.

Fases o etapas del duelo

Durante el duelo el individuo va atravesando distintas etapas, con el objetivo de curar la herida y reorganizar su nueva realidad; no existe un tiempo exacto de duración entre las diferentes fases, pero todas son necesarias para poder superar el duelo. A menudo la persona afectada puede retroceder en la evolución del proceso, pero siempre que mantenga un patrón de actitud estándar ante el problema y no se exceda en intensidad y tiempo (de los seis meses a un año del acontecimiento), se encontrará dentro de lo habitual.

1.- Fase o etapa de negación: La persona afectada no acepta el acontecimiento, en algunos casos ni siquiera se percata de que el suceso ocurrido le afecta, en otros, ocurre un bloqueo mental generado por el shock o impacto de la noticia; la incredulidad y el desconcierto juegan un papel importante dentro de la negación. Esta etapa actúa como un mecanismo de defensa, ya que brinda al individuo la posibilidad de analizar la situación y responder a ella, afrontándola de la mejor manera.

2.- Fase o etapa de rebeldía: Luego de haber pasado por la negación, el afectado visualiza todo el panorama y se deja llevar por la rabia, ira e impotencia que le da no poder hacer nada al respecto o ser él y no otro quien atraviesa por esa situación, lo que lo hace adoptar conductas agresivas. Durante esta fase el doliente cuestiona las decisiones que ha tomado en su vida, sus creencias y principios, en algunos casos se culpa por lo ocurrido.

3.- Fase o etapa de negociación: Entre la fase de rebeldía y la depresiva, se encuentra la etapa donde el individuo es capaz de hacer lo que sea para volver a tener lo perdido, piensa y busca alternativas para solucionar su situación, incluso algunas ideas pueden resultar descabelladas pero en su momento todo parece valer la pena para sentirse completo nuevamente. Una vez que el afectado se percata de que no hay vuelta atrás, se resigna y cae en la siguiente etapa.

4.- Fase o etapa depresiva: Una vez que individuo ha pasado por las tres etapas anteriores, se da cuenta de que nada podrá cambiar la realidad que ahora vive, por lo que un sentimiento de tristeza, desinterés, abatimiento y melancolía se apodera de él. La depresión es la fase más complicada del duelo, pues no se puede acelerar ni evitar; se debe vivir el sentimiento de ausencia, ya que el desprenderse de los sentimientos negativos es lo que logrará que el afectado acabe superando el duelo.

5.- Fase o etapa de aceptación: Superadas las fases anteriores, el doliente se encuentra cansado y exhausto, acepta la realidad mas no se encuentra con ánimos de recibir todo lo nuevo que le trae la vida, pero sin duda eso vendrá posteriormente con otras experiencias que se permita vivir. La aceptación es una etapa de serenidad y paz donde la persona empieza a adaptarse a la vida con la ausencia, ya no le afecta como al principio del proceso pero se le hace difícil olvidar el acontecimiento, el cual sólo logrará borrar con el pasar del tiempo; sin embargo, el individuo se encuentra listo para dar el siguiente paso, continuar adelante y reorganizar su vida.

¿Cómo diferenciar el duelo de la depresión?

Si bien es cierto que durante el proceso de duelo se atraviesa por una etapa depresiva, esta no debe confundirse con la depresión como enfermedad o trastorno afectivo. Hay ocasiones en las cuales el individuo afectado no logra superar el duelo y se encuentra enfrascado en la fase depresiva, si esto ocurre las características del duelo se intensifican y se convierten en síntomas de depresión.

Los sentimientos asociados al duelo deben ser temporales, por lo que si las emociones persisten durante mucho tiempo y el doliente parece quedarse estancado, o si presenta pensamientos suicidas y pretende atentar contra su vida o la de algún tercero, se debe recurrir a un especialista que determine la sintomatología y realice un diagnóstico de la enfermedad.

Así pues, cuando el aislamiento se vuelve cada vez más recurrente, la baja autoestima se hace evidente, disminuye el apetito sexual, y los desórdenes alimenticios, dolores de cabeza, trastornos del sueño, la confusión, desorientación y apatía se agudizan, al punto poder desencadenar otras enfermedades como cardiopatía e hipertensión arterial, entonces el individuo se encuentra en presencia de un trastorno afectivo.

¿Cómo sobrellevar y superar un duelo?

La mejor forma de pasar el proceso de duelo es dejar que cada etapa fluya, es necesario que la persona afectada libere todos sus sentimientos para poder empezar nuevamente, por eso lo más recomendable es aceptar la compañía de quienes quieren ayudar a que el dolor sea menos intenso, compartiendo y escuchando al doliente cuando lo necesite. Sobrellevar un duelo es algo natural que le pasará a todos más de una vez en la vida, por tanto permitirse vivirlo y no culparse por los sentimientos negativos es uno de los pasos más importantes para que este llegue a feliz término, superando y aceptando los cambios.

Tratar de cumplir con las responsabilidades, retomar de a poco la rutina laboral y las tareas cotidianas dentro del hogar, hacer actividades recreativas, salir con amigos, comer las tres comidas diarias a tiempo y dormir las ocho horas debidas, pueden ayudar a dispersar la mente y mantener el cuerpo relajado. Conservar pensamientos positivos también es de vital importancia, aunque en los momentos difíciles parece imposible orientarlo, sí se puede, lo más recomendable es descubrir el valor de las cosas que aún se tiene consigo y guardar la esperanza de que el vacío que hoy siente algún día desaparezca.

Entre lo que se deben evitar cuando se atraviesa un duelo, se encuentra: aislarse del núcleo familiar, tomar decisiones importantes o a largo plazo, involucrarse en relaciones amorosas, imponer actitud de fortaleza, recurrir a medicamentos sin prescripción médica, asumir responsabilidades que no se está en capacidad de cumplir, ingerir bebidas alcohólicas o consumir sustancias ilícitas (ya que esto sólo profundizará las emociones negativas).

Asesoramiento psicológico durante el duelo

No existe ningún tratamiento médico para el duelo, sin embargo, siempre se puede recurrir a un especialista, con la finalidad de que evalúe la situación particular y facilite herramientas que ayuden a llegar satisfactoriamente a la superación de la pérdida.

La psicoterapia es la mejor opción para aprender a manejar las emociones durante el duelo, en ella se ponen en práctica ejercicios que permiten orientar el dolor, aceptar la realidad, readaptarse al entorno, a las relaciones sociales y reorganizar los pensamientos. Durante las consultas el especialista evalúa las reacciones del individuo ante ciertos estímulos, busca desactivar objetos que se vinculen a la pérdida y explora la razón por las cual existe dicho vínculo.

A pesar de que la evolución en el proceso de duelo dependerá de cada paciente, las sesiones de psicoterapia en estos casos suelen ser pocas. Una vez detectada la pérdida se estudian a fondo las causas de los lazos afectivos y se orientan los sentimientos hacia recuerdos agradables, situaciones placenteras y vínculos que aún permanecen y no valen la pena perder, aceptando y superando finalmente el acontecimiento.

En caso de que algún amigo o conocido esté pasando por el proceso de duelo, lo más recomendable es brindarle apoyo para que no se aísle ni se sienta abandonado, ofrecerle compañía y escuchar atentamente lo que desee expresar. Cada quien experimenta distintas emociones y reacciona diferente al mismo acontecimiento, por lo que no se recomienda proporcionar soluciones o pretender entender por completo al afectado, pues esto podría generar que el doliente se sienta incomprendido y se ensimisme aún más.

Recorrer las diversas fases del proceso es complicado, su evolución depende de muchos factores como la madurez emocional, la edad y el nivel de importancia que se le atribuye a la pérdida; sin embargo, al superar el duelo el individuo se siente sanado y está preparado para continuar su camino sin el apego que representaba aquello que había perdido, y que lo mantuvo paralizado durante algún tiempo frustrando sus aspiraciones y esperanzas.

 

Psicólogos de Venezuela expertos en duelos y pérdidas

 

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